TV3 (con el beneplácito del CAC) trata de ignorantes a 715.802 catalanes

 

Voto particular que presenta el consejero Daniel Sirera Bellés al Acuerdo 12/2015, de 4 de febrero, del Pleno del Consejo del Audiovisual de Cataluña, en relación con los comentarios efectuados en la sección “El comentari d’Empar Moliner”, en el programa Els matins de TV3 del 22 de septiembre de 2014

 

El 19 de noviembre de 2014 tuvo entrada en el registro del Consejo del Audiovisual de Cataluña (registro núm. 1248/2014) una queja firmada por el Sr. Santi Rodríguez Serra, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario del Partido Popular de Cataluña sobre los comentarios efectuados en la sección “El comentari d’Empar Moliner”, en el programa Els matins de TV3 del 22 de septiembre de 2014, contra la vicepresidenta del Gobierno de España y los ciudadanos de Madrid.

El contenido de la transcripción de la intervención de la Sra. Empar Moliner es el siguiente:

«Señora Garcia-Melero, tengo para usted unos titulares que ahora le enseñaré.

Primero de todo, este: “Santamaría avisa a Mas que es el presidente de todos y que lo es gracias a la Constitución”.

Y este otro: “El Gobierno llama a la reflexión a la política catalana”. Esta postproducción dice: “No se puede permitir que alguien piense que se puede incumplir la legalidad para ver qué obtiene. A ver si me dan algo”.

“A ver si me dan algo” dices tú, Soraya. Tú, me das algo a mí. Vosotros nos dais algo a nosotros. Nosotros nos saltamos la legalidad a ver qué obtenemos, a ver si nos dais algo. ¿Por qué me tratas como si fuera una pobre? Dame algo. Me quejo, a ver si me dais algo. Como mi madre, en la infancia, cuando le pedía a mi padre y él le decía: ¡siempre estás pidiendo! La pasta la tenía aquí, en el bolsillo, cerca de la bragueta.

Tú decides, yo obedezco. Tú lo tienes todo y me humillas… Y la razón por la cual tú administras lo mío y lo tuyo es puramente nacionalista y nos convierte en desiguales. O sea, el centro de España está en Madrid. Haber nacido en Madrid hace que tú me mandes a mí y que mandes a los políticos que yo he elegido. Yo te envío la pasta que gano y tú me devuelves lo que consideras, y quieres que sigamos así.

Yo pago tus reyes y tus ministerios, tus autopistas –por qué no siento que sean ni mis reyes ni mis ministerios ni mis autopistas, y no creo que sirvan para nada además– y cuando protesto y quiero irme, no me dejas. Y todo esto por motivos geográficos: tu ciudad está en el centro del reino de España.

Y ya no se trata de que os duela y os ofenda –te juro que lo comprendo muy bien– que muchos de nosotros no nos sintamos en absoluto españoles. Se trata de la microgestión: la microgestión ahorra y esto algún día también lo verán los canarios y los andaluces por muy españoles, ellos sí, que se sientan.

Tú lo tienes todo. Tus hijos, vuestros hijos van a la escuela y estudian en vuestra lengua. Los nuestros van a la escuela y aprenden la nuestra y la vuestra. Como sabes, no hay ni un solo niño que no escriba y hable el castellano tan bien o tan mal como los vuestros –ya lo habríais encontrado.

En fin, los nuestros tienen ese acento tan molesto, pero a cambio no dicen ni Madriz, niálbun ni pódiun. Supongo que por eso os da tanta urticaria la palabra referéndum, termina con m. Mi suegra es malagueña. Amo tu lengua, amo tu literatura, tu tierra, pero me ahogo. Me asfixio, Soraya, no me dejas respirar, ¡no puedo más!

¿Cómo te atreves a decir que nos saltamos la ley a ver si nos dan algo? ¿Qué pasa, no somos iguales? Cuando tú vas al lavabo a hacer eso que los no escatológicos llaman “hacer popó”, ¿no hueles como yo? Cuando tienes un orgasmo, ¿no gritas como yo? ¿No te crecen las uñas de los pies como las mías?

Mírame, ¿tú te sentirías digna y libre si hoy alguien en Barcelona hubiese dicho esto de vosotros? ¿Que los de Madrid os saltáis la ley a ver si os dan algo? ¿Querrías esto para tus hijos? Soraya, muchacha, eres muy joven, cuando tú no habías nacido, ni tus bisabuelos ni tus tatarabuelos, aunque te parezca mentira, ya había presidente de la Generalitat.

Me falta la respiración cuando os oigo decir cosas de estas, porqué en vuestro… osado atrevimiento, en … podríamos decir en vuestra mantecosa ignorancia, os veo capaces de cargároslo todo. Me voy, me voy, ¡porras!»

 

El Acuerdo del Pleno del Consejo al que este consejero se ha opuesto concluye que “la expresión satírica es una manifestación de la libre opinión de ideas, creencias o juicios de valor, y su ejercicio llega a los máximos niveles de protección cuando se dirige a personas, colectivos o instituciones con relevancia pública, sin que en el caso analizado, y con independencia de que se trate de un prestador público, se aprecie la existencia de una vulneración de la normativa vigente”.

Tanto el informe jurídico del CAC como el acuerdo aprobado se refieren al comentario de la Sra. Moliner como “manifestaciones humorísticas e irónicas”. A juicio de este consejero, las manifestaciones transcritas en este voto particular no son ni “irónicas” ni “humorísticas”, sino todo lo contrario y chocan frontalmente con el libro de estilo de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA).

Así, el libro de estilo de la CCMA establece, en el punto 2.1.3.5.1, que “Nuestros contenidos de entretenimiento se basan en el respeto por las personas y fomentan valores constructivos y cohesionadores. […]”. Más concretamente, en el punto 2.1.3.5.2.1 se señala que “En nuestros magazines hay una parte de información y una parte de entretenimiento. Recogemos aspectos de la actualidad y ayudamos a interpretarla, con entrevistas, reportajes y la opinión y la valoración de expertos colaboradores […]. Los colaboradores que intervienen en los programas [y Empar Moliner lo es], de la misma manera que el resto de profesionales, deben observar y cumplir nuestros principios [los de la CCMA] bajo la responsabilidad de la persona que dirige el espacio”.

Así, en el punto 1.1.1.2.1 de la Guía editorial de la CCMA se señala que “Como servicio público audiovisual, la CCMA refleja la diversidad, garantiza el pluralismo y la imparcialidad […]”.

En el punto 1.1.2.1.4 de la Guía editorial de la CCMA se establece también que “Los medios de la CCMA difunden la actividad de las instituciones que representan a la ciudadanía y colaboramos con ellas en atención al interés público”. En este mismo punto, el libro de estilo sentencia que “el compromiso con el país supone el respeto por sus instituciones”.

Y ello no sólo obliga a respetar al Gobierno de España, institución que representa al conjunto de la ciudadanía, incluyendo la que vive y trabaja en Cataluña, sino que en el punto 1.1.2.3.1 se dispone que “Tratamos a todas las personas con el máximo respeto”. ¿Trató la colaboradora de Els matins a la vicepresidenta del Gobierno con el respeto que merece?

En el punto 1.2.2.2.2 de la Guía editorial de la CCMA se establece que “Utilizamos un lenguaje respetuoso que favorezca la convivencia y el civismo. Por este motivo evitamos las expresiones groseras innecesarias […]”.

La Guía editorial de la CCMA va más allá al pedir a sus profesionales que se abstengan de hacer “manifestaciones públicas que comprometan la imparcialidad de nuestros medios” y les prohíbe expresamente “emitir mensajes o comentarios ofensivos o despectivos” incluso “cuando expresen su opinión en artículos periodísticos, tertulias o entrevistas en otros medios”.

En el punto 2.1.1.6.6 de la Guía editorial de la CCMA, respecto a críticos y expertos que participan en los programas de la CCMA, también les indica que “sus comentarios y críticas sean razonados y fundamentados, sin descalificaciones gratuitas […]”.

El comentario de la Sra. Empar Moliner no fue imparcial, no respetó a la institución a la que pertenece la vicepresidenta del Gobierno, utilizó expresiones groseras del todo innecesarias, expresó su opinión personal y descalificó gratuitamente a la Sra. Soraya Sáenz de Santamaría, incumpliendo así la Guía editorial de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, que también obliga a los colaboradores de los programas de la televisión pública.

 

 

A modo de reflexión final:

Este consejero no entiende que una colaboradora de una televisión pública (TV3) se permita hablar en nombre de todos los catalanes como si todos los catalanes pensásemos lo mismo que ella. Por mucho que el acuerdo del Consejo apele a la libertad de expresión de la Sra. Empar Moliner, no me parece de recibo que esta persona utilice un espacio público en una televisión pública que pagamos todos los catalanes para dejarse llevar por sus filias y sus fobias. En democracia, lo normal si alguien quiere hacer política es presentarse a unas elecciones. Pero utilizar un espacio en la televisión pública para descalificar a un partido y a un gobierno democrático y defender una posición política, en este caso, favorable a la independencia de Cataluña, no me parece propio de las misiones de servicio público que debe cumplir TV3.

A la Sra. Moliner no la ha elegido nadie pero le pagamos su sueldo entre todos. Y son muchos los catalanes a los que la Sra. Moliner ha ofendido, a todos los catalanes que en el ejercicio de su libertad votaron al partido de la Vicepresidenta del Gobierno de España. Esos votos, 715.802 en Cataluña y 10.830.693 en el conjunto de España merecerían no sólo el respeto de la Sra. Moliner sino la respuesta inmediata de los responsables de este programa y la dirección de la cadena que no debería mirar hacia otro lado como si no pasase nada. Hay 715.802 catalanes y catalanas a los que la Sra. Moliner ha ofendido, tratándoles como menores de edad. Y la Sra. Sáenz de Santamaria es la Vicepresidenta del Gobierno de España, de todos los españoles, también de los que viven en Cataluña y, como tal, merece un respeto institucional, aún más desde una Televisión Pública. Los comentarios machistas y despectivos que la Sra. Moliner realizó en TV3  contra ella, tildándola, entre otras cosas, de “ignorante” son, desde mi punto de vista, impropios de una televisión pública democrática y de calidad.

 

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