El nazismo no debe ser banalizado, ni en broma.

Voto particular que presenta el consejero Daniel Sirera Bellés al Acuerdo 11/2015, de 4 de febrero, del Pleno del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC), en relación con el sketch que recrea una escena de la película Der Untergang (El hundimiento) en el programa Polònia (TV3) del 13 de noviembre de 2014

En fecha 19 de noviembre 2014 tuvo entrada en el registro del CAC una queja del Partido Popular de Cataluña en relación con el sketch que recrea una escena de la película Der Untergang (El hundimiento) en el programa Polònia (TV3) del 13 de noviembre de 2014. Una vez que el Área de Contenidos y el Área Jurídica del Consejo han analizado dicho sketch, el Pleno del CAC ha adoptado, con mi voto en contra, un acuerdo en el que se constata que “el sketch se ha realizado en el contexto de un programa de humor, identificado claramente como de sátira política, sin que en el caso analizado se haya producido vulneración de la legislación audiovisual vigente”.

Sin embargo, en el Informe 58/2014 del Área de Contenidos del CAC se señala que “1. La escena del filme Der Untergang parodiada mediante un sketch en el programa Polònia transcurre en un búnker durante las últimas horas de la II Guerra Mundial. En esta escena, los generales alemanes informan a Adolf Hitler de que las fuerzas aliadas se aproximan a Berlín y de que la última ofensiva ha sido un fracaso; y 2) El sketch recrea elementos formales (la estructura discursiva, la puesta en escena y el escenario) de una escena de la película Der Untergang y sustituye su contenido por un tema de actualidad política protagonizado por personajes públicos (la recepción de los resultados del proceso participativo del 9N en Cataluña por parte del Gobierno español), utilizando un tono humorístico, con lo que se convierte en una parodia.”

Así pues, en el propio informe del Área de Contenidos del CAC se reconoce que en este sketch se compara al presidente del Gobierno de España con Hitler y a algunos de los ministros del Gobierno, con los generales del dictador y genocida alemán. Discrepo de la opinión del acuerdo del CAC, aprobado con mi voto en contra, que señala que no se superaron los límites a la libertad de expresión, ya que incluso la sátira política está sujeta a límites. Así, la STS de 14 de abril 2000 señala que “[…] por consustancial que sean al género satírico tanto la ridiculización del personaje y el tono jocoso o burlón como la brevedad y rotundidad del mensaje, dicho género no puede quedar por completo al margen de la protección que merezca el honor del personaje objeto de burla o, dicho de otra forma, el acudir a ese género no borra o elimina los límites que impone la protección del derecho fundamental al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen […].” Por otra parte, el Tribunal Constitucional (STC 176/1995) aprecia que se produce una intromisión ilegítima mediante un texto, historieta o cómic cuando el llamado animus iocandi (intención de bromear) se utiliza “[…] precisamente como instrumento de escarnio […].”

En este caso, el sketch de Polònia no se ha limitado a criticar al presidente del Gobierno de España o a burlarse de él, lo que por otra parte es habitual en este programa, sino que cuando se le parodia comparándolo con el mayor asesino genocida de la historia, se produce una descalificación injuriosa sobre él y sobre el conjunto de los españoles.

El CAC no puede argumentar que el sketch no banalizó el nazismo, porque —según se lee en el Acuerdo— no se incluyó “ninguna alusión verbal ni ningún símbolo propio de aquella época histórica ni del régimen nacionalsocialista alemán”. Todos los espectadores y todos los medios de comunicación que se han hecho eco de la denuncia del Partido Popular de Cataluña contra este sketch de Polònia entendieron, con independencia de que existiera o no simbología nazi, que se estaba comparando a Rajoy con Hitler.

El programa Polònia tiene derecho a ejercer su libertad de expresión, tiene derecho a llevar a cabo una ácida y áspera crítica, pero, desde mi punto de vista, no tiene derecho a identificar al presidente del Gobierno con uno de los mayores criminales de la humanidad.

El acuerdo del CAC parece dar por buena la explicación ofrecida por el propio programa, que, horas después de la polémica, señaló, a través de un tuit, que “Hay que distinguir la comparación con un personaje (Hitler) y la parodia de la escena de una película sin ninguna referencia”. La equiparación y la asociación que produce en la persona telespectadora un personaje que parodia a Mariano Rajoy —en el Polònia— con otro personaje de ficción que en realidad está representando a Hitler en la película (Der Untergang) provoca irremediablemente que se compare a los personajes reales con los que ambos están imitando, parodiando o representando: Rajoy y Hitler. Esta asociación es peyorativa, repugna a la sociedad actual y no resulta admisible, como regla general, en el ejercicio de la libertad de expresión, como así lo han considerado reiteradas sentencias del Tribunal Supremo, como la de 21 de julio de 1993 (rec. 259/1991); núm. 992/2003, de 24 de octubre; núm. 176/2012, de 3 de abril, y núm. 9/2013, de 21 de enero.

Además, del contenido del programa se desprende una banalización y una minimización claras del régimen nacionalsocialista y de los graves y horribles crímenes que cometió, y una equiparación de este régimen y de sus autores con el presidente y los miembros del Gobierno de España.

La Decisión Marco 2008/913/JAI del Consejo, de 28 de noviembre de 2008, relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal (DOUE núm. 328, de 6 de diciembre de 2008, pág. 55-58) señala que se consideran punibles como delitos penales determinados actos cometidos con objetivos racistas o xenófobos, como “[…] la trivialización flagrante de los crímenes de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra […]”.

Banalizar o trivializar el tráfico de estupefacientes, la pedofilia, la esclavitud, la violencia machista, la tortura o las dictaduras convirtiéndolos en hechos cotidianos y ordinarios que ya no producen ni indignación ni espanto, aleja a las sociedades democráticas de la posibilidad de su erradicación. Utilizar la figura —o quien lo representa en una película, o el actor que representa a quien lo representa, o el actor que imita a quien se compara con el actor que lo representa— de un personaje que provocó la muerte de diecisiete millones de personas contribuye a banalizar el nazismo, y haciéndolo normalizamos su presencia. Cualquier comparación de Hitler con un representante político democrático, ya sea directamente o mediante actor interpuesto, debe merecer el rechazo común y unánime por parte de todos. El sketch de Polònia no solo banaliza y normaliza el nazismo, sino que busca que los espectadores equiparen al presidente del Gobierno con el mayor genocida de la historia de la humanidad.