¿Sufres nomofobia? Hay solución

¿Se ha dejado el móvil en casa y vuelve corriendo para cogerlo? ¿Se siente inseguro sin su Smartphone? ¿Le molesta entrar en locales en los que no hay cobertura? ¿Tiene que mirar cada dos por tres su teléfono simplemente para ver si alguien le ha enviado un wassapp o un correo electrónico? ¿Se desespera cuando a mediodía ya no tiene batería y busca desesperadamente un cargador como cuando un fumador se ha quedado sin pitillos?

Sólo hay que ir al cine y ver como, de forma intermitente, son muchos los que sacan de su bolsillo el móvil y lo miran por si hay algo nuevo en él. Cuando un avión aterriza la inmensa mayoría de pasajeros, ejecutivos o no, encienden sus teléfonos ante el temor de no haber podido contestar una llamada o un sms durante el vuelo.

Ayer mismo acompañé a mi padre a hacerse unas pruebas. En la sala de espera habían doce personas y un niño. Salvo mi padre y la madre del niño, todos estaban enfrascados en su teléfono. La madre no porque su hijo jugaba con su iphone y mi padre tampoco porque, según dice, con 79 años ya no esta para pasarse el día enganchado a nada, ni siquiera a un pequeño teléfono.

Si siente que su smartphone forma parte inseparable de su vida, que se ha convertido en un apéndice de su cuerpo, que te acompaña a todas partes (incluido el WC) , que revisa a cada momento (la media es de 35 veces al día) y que incluso siente que vibra en su bolsillo aunque no haya llegado ningún mensaje, está claro, sufre NOMOFOBIA.

La nomofobia es el término, abreviatura de la expresión inglesa ‘no-mobile-phone phobia’, que los expertos han puesto al miedo a estar sin el teléfono móvil, y que va a convertirse, sin duda, en una nueva patología del siglo XXI. Nos hemos creado muchas dependencias y ésta es una de ellas. Debemos intentar desengancharnos del móvil. Yo voy a empezar por darle fiesta un día a la semana. Si me llama y no le contesto, no crea que soy un maleducado, es sólo que me he dado 24 horas de patio.

Mi hijo ¿es un zombi (tecnológico)?

¿Vas a buscar a tu hijo al colegio y sale con sus dos manos en su Smartphone? ¿Llegas a casa y se pone a navegar en su ordenador sin ni siquiera probar la merienda? ¿Se acuesta con su teléfono o con la Tablet y por la mañana, cuando le despiertas, siguen encima de la cama? ¿Se despierta y mientras va al baño revisa su WhatsApp? Si has respondido que si a estas preguntas, tu hijo tiene un problema. Tu hijo se ha convertido en un adicto a internet, un zombi de las nuevas tecnologías.

Imagino que a estas alturas ya te habías dado cuenta que se pasaba muchas horas enganchado a internet pero … ¿te habías dado cuenta de que prefiere quedarse en casa jugando con su ordenador que salir con sus amigos a dar una vuelta? ¿Te has dado cuenta que mientras le llevas al colegio o hacéis un viaje en coche o en autobús no mira lo que ocurre en el exterior, sino que lleva sus ojos clavados en ese dichoso móvil? Tu hijo ha perdido el control, ya se ha enganchado a sus dispositivos y su mundo empieza a reducirse a lo que ve en la pantalla de sus dispositivos. Además, si cuando le llamas para cenar tienes que repetir tres veces que deje lo que está haciendo y se pone desagradable cuando tiene que dejar internet para ducharse o no dice ni palabra en la cena y acaba rápido para volver a conectarse, tienes un problema.

Muchos padres son conscientes de esta realidad pero prefieren la “paz social” que enfrentarse a sus hijos. Llegar tarde del trabajo y tener que pelearse con tus hijos para que despeguen sus ojos de la pantalla no parece una práctica muy extendida hoy en día. Muchos niños, cada vez más jóvenes, se sientan a la mesa y piden a sus padres su Smartphone. Y los padres se lo damos para que callen. Es cierto que muchos de nuestros hijos pequeños juegan con esos dispositivos de la misma manera que hace años nosotros jugábamos con coches de juguete o muñecas. Mis padres me dejaban dibujar mientras esperábamos la comida en los restaurantes. Así evitaban que a los cinco minutos ya estuviera molestando a las personas de las mesas de alrededor. Por eso, muchos padres creen que no es tan grave que sus hijos jueguen con su Smartphone a toda hora.

Yo creo que nuestros hijos deben tener un amplio conocimiento de las TIC. Es más, estoy convencido de que todos los niños deberían tener una Tablet con conexión a internet. El problema no es la Tablet ni internet, el problema es la educación que les estamos dando a nuestros hijos. Todo tiene un límite y somos nosotros, los padres, los que debemos ponerles esos límites a nuestros hijos. Alguien me decía el otro día que no era partidario de que los niños pudieran llevar Tablet al colegio, que si se les permitía acabarían jugando al Candy Crush en la clase. Y yo pensaba, ¿quién no ha jugado a barcos en clase? Yo lo he hecho con un compañero que se sentaba tres filas a mi izquierda y les aseguro que en 1976 no existían los Smartphone. Los padres debemos asumir que educar a nuestros hijos es velar por su futuro, conseguir que sean mejores personas. Y que ellos, muchas veces, imitan comportamientos que también ven en casa. Por eso, es necesario establecer límites al uso de estos dispositivos y conseguir que nuestros hijos lleven a cabo otras actividades que los socialicen. Hacer deporte, tocar la guitarra, cocinar, viajar (sin Smartphone ni Tablet), dibujar … son actividades que debemos promover y, a ser posible, compartir con ellos. Por supuesto que también deben poder conectarse a internet pero eso no debe convertirse en la única actividad que lleven a cabo.